• Yoel Soto

Rumba XIII

Quien te dio esa boca primero

(¡cómo acompañar esa risa

sin tener que robar otras almas!)

luego tuvo que inventarse genio.

Robó ojos de un panorama arabesco

y el pelo lo convirtió en veneno;

robó un cuerpo anónimo, inédito,

que de danzas de fuego,

al otro día se encontró despierto

en una tierra blanqueada en algodón,

y en otra, arrastrada,

limpiando el suelo.

Hizo falta tanta sangre

negra e india

para calcularte el mayor invento.

¡Dios mío,

ni tú mismo sabes lo que has hecho!

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