• Yoel Soto

As de Tres

Updated: Feb 3, 2019

¡La lengua no bastó!

Fue un Español sin Castilla y, claro pues, sin castillos; mas el cuerpo a cuerpo tres veces “άγριο” trajo los más complejos mosaicos arabescos. ¡Los moros no tuvieron culpa esta vez! Fue el Mediterráneo invadido por el arte de los caciques; la roja arcilla y sus aromas de tabaco y casabe. Hubiera sido capaz de vender mi alma a Lucero, caro amigo en ocasiones; de asesinar a boca ´e jarro a mi amado Mendive, y, además de robarle sus sabias y blancas trenzas, como un “pelle rossa” abrirle el pecho y beberle la sangre y el arte de su pincel para inmortalizar aquella sagrada Última Cena Yoruba oleada por congríes y “κεφτέδες”. No hablo de soles, señoras y señores, o amores románticos prohibidos, mas del sacrilegio de venerar un altar donde las dos vírgenes se canonizaban en medio de un tsunami de sudores sulfúricos, cabellos desgarrados e interminables extremidades. ¡Bendito el pecado de declararme absuelto! Yo, plebeyo, desde el fango sediento miraba al alto cielo; y más me hundía y más fuerte eran los gritos desgarradores de aquellas dos alas ambidiestras que en sus patas custodiaban el real mensaje de la “Sindone”: el temor a la sonrisa y a ciertas libertades del cuerpo y el alma. Encajábamos como en un puzzle de cominos y canelas, de profundos azules y verdes eternos, y de costas. Sobre todo de costas.


Yoel Soto

pintura de Mario Carreño

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